—Debe haber una forma de jugarlo en el móvil —murmuró, tecleando frases como "Hit & Run Android APK" una y otra vez.
Cada enlace prometía el mundo: "Descarga directa, virus gratis, link activo". Pero cada clic lo llevaba a páginas llenas de ventanas emergentes, anuncios de citas dudosas y archivos .exe que olían a peligro. Una noche, tras descargar un supuesto "instalador", su teléfono se llenó de notificaciones falsas de virus y su banco le bloqueó la tarjeta por un intento de compra fraudulenta.
Al día siguiente, en un grupo de fans, escribió: "Chicos, no busquen atajos para Android. La magia de Hit & Run no está en tenerlo siempre en el bolsillo, sino en volver a casa, conectar los cables y sentir que 2003 sigue vivo. Y si no tienen el disco original, háganse un favor: cómprenlo usado. Vale cada centavo. No solo por legalidad, sino por respeto a la obra." El mensaje recibió cien corazones. Y Marcos, por fin, supo que la verdadera carrera no era contra el reloj, sino contra la tentación de lo fácil.
—Es broma, ¿no? —suspiró, mientras restauraba el dispositivo de fábrica.